
Despertar de un sueño, al menos a mí me ocurre que me resisto al cambio, a abrir los ojos. Sé la razón, probablemente es el miedo a lo desconocido o quizá a lo conocido de la realidad, otro día más. Si el sueño es bonito, dulce, agradable, mayor es la resistencia. Pero despertar es una alegría cuando es una pesadilla… Hoy, solo pienso en un sueño, realmente ya estoy despierto pero de este no quería despertar… Eran muy cómodos los algodones y muy cálidas las sensaciones.
Unos dicen que contar los sueños hace que no se cumplan, sin embargo otros dicen que sí, por el momento solo escribo, la decisión de contártelo se sabrá si estás leyendo estas líneas.
Me sorprendí a mí mismo observando como dormías, mirando tus ojos cerrados suavemente, el contorno de tu cara en la penumbra y la casi imperceptible respiración, como la de una princesa en su onírica fragilidad. Tenías la calma de un bebé en su cuna y transmitías la serenidad que tanta falta hace en ciertos momentos difíciles. Como en mis mejores sueños, el silencio, ese sonido tan escondido en estos días… Continúo observándote pero ya me atrevo a pasarte la mano dulcemente por el pelo, el cuello, las cejas, la nariz, haciendo dibujos imaginarios. Tu cara se transforma en dulzura y qué mejor placer que sentir como doy placer. Fugazmente abres los ojos, los míos te responden con un silencio contenido pero no así mi corazón que comienza a latir con más fuerza aún si cabe, con un estruendo que posiblemente solo oiga yo. Con un leve movimiento me respondes acariciándome la espalda, ¡no sabía que los sueños pudieran ser tan reales! El escalofrío me recorre todo el cuerpo, mientras continúas con tus caricias, yo las mías y como sonido de fondo el silencio. Este se rompe con mi voz: “me encanta que me acaricien la espalda…” Tú me respondes con una sonrisa cómplice y me cuentas que a ti también te gusta.
Continúa el sueño ya en mi cuarto, en medio, una despedida, un beso, una caminata por las calles de Granada con un frío que no me importaba y aún con la ropa de la noche anterior… Al día siguiente ¡sigo soñando! No sé si despertaré algún día, pero claro mientras se sueña no se sabe, nos enteramos cuando nos despiertan. Estaba de nuevo en mi cuarto y suena el móvil, es tu voz: -Nauzet? De nuevo más palpitaciones, pero no sabía que en ese mismo instante iba a despertar. Tu primera pregunta es saber como estoy y la segunda es el despertador… Hacía mucho tiempo que no se me convertía un sueño tan bonito en una pesadilla tan cruel. Todo había sido un sueño pero lo peor es que ahora estoy en la pesadilla, esperando despertar. Ya no hay silencio, solo ruido y tristeza. Sentimientos indescriptibles de impotencia y de incredulidad.
Nauzet Acosta
11-nov-2005 (5:00 a.m.)





