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sábado, 16 de enero de 2010

35


Para mi es El fragmento de "hojas de hierba" de Whitman que mas esperanza me da. Aquí lo dejo por si alguien también quiere aprovecharlo.



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¿Quieres escuchar el relato de un combate naval de los viejos tiempos?¿Quieres saber quién fue el vencedor bajo la claridad de la luna y las estrellas? Escucha el relato, tal como me lo contó el padre de mi abuela, que fue marino... Nuestro enemigo- decía- no era ningún remolón a bordo de su nave, te lo aseguro; Tenía el arisco denuedo de los ingleses, porque no hubo carácter más coriáceo ni más verdadero que aquel, no lo ha habido ni lo habrá jamás; Al caer la tarde llegó, enfilándonos horriblemente. Nos trenzamos con él, enmarañadas las jarcias, casi tocándose los cañones; Mi capitán trincaba de firme, con sus propias manos. Habíamos recibido algunas balas de dieciocho libras bajo la línea de flotación; En nuestra batería baja dos piezas de grueso calibre habían estallado al primer cañonazo, matando y haciendo saltar por los aires a cuantas las rodeaban. Batalla entablada a la puesta del sol, batalla en tinieblas; A las diez de la noche, en el plenilunio, nuestras vías de agua iban en aumento, teníamos cinco pies en la cala, según decían; El capitán de armas libertó a los prisioneros encerrados en la cala de popa, dándoles oportunidad de salvarse. Los centinelas no permitían aproximarse a la santabárbara; Y, viendo tantas caras extrañas, ya no sabían en quién fiarse. Nuestra fragata comenzó a incendiarse; El enemigo preguntó si pedíamos cuartel; Si arriábamos la bandera y dábamos fin al combate... Entonces comencé a reír de contento, porque escuché la voz de mi capitancito: “No hemos arriado nuestros colores- gritó tranquilamente - y ahora comenzaremos nuestra parte en la lucha” Sólo tres cañones quedaban en uso; Con uno el capitán apuntó al palo mayor del enemigo; Los otros dos, bien cargados con metralla, silenciaron la mosquetería enemiga y barrieron sus puentes. Sólo las cofas secundaban al fuego de tan reducida batería, especialmente desde el palo mayor. Se mantuvieron bizarramente durante toda la acción; No hubo ninguna tregua; Las vías de agua pronto anularon las bombas y el fuego avanzó hacia la santabárbara. Una de las bombas fue arrastrada por un cañonazo, la gente creyó que nos hundíamos. El capitancito permanecía sereno; No manifestaba ninguna prisa, su voz no era ni fuerte ni débil; Sus ojos fulguraban mucho más que nuestras linternas de combate. Y al filo de la medianoche, a la claridad de la luna, el enemigo se rindió.

Walt Whitman

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